Borrón y cuenta nueva

Historia del tipex

Inevitablemente, al acercarse el final del año, hacemos un balance interno sobre lo acontecido en los últimos meses. Es en este momento cuando solemos aplicar la expresión ‘Borrón y cuenta nueva’, ya que ¿a quién no le gustaría tener la oportunidad de, literalmente, borrar algún acontecimiento y volver a escribir encima?

Esta fue la filosofía que debió inspirar a Bette Nesmith Graham, oficinista estadounidense que en la década de los 50 inventó el corrector líquido comúnmente conocido como típex, vocablo recogido en la 23ª edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, y que procede de la marca registrada Tipp-Ex™, empresa alemana que comercializó el producto en Europa.

Nesmith era una madre divorciada que trabajaba en un banco de Dallas a mediados de los 50, momento en que irrumpieron las primeras máquinas de escribir eléctricas. En este tipo de dispositivo no era posible realizar correcciones en los documentos, por lo que, en caso de error, era necesario reescribir la página entera. Así, la emprendedora Bette, inspirada por la forma en que los artistas corregían los errores en la pintura, desarrolló una formula a base de pintura blanca que, aplicada sobre el papel, permitía escribir de nuevo sobre el mismo sin necesidad de mecanografiar de nuevo todo el documento.

La demanda de esta invención comenzó a crecer entre sus compañeros, por lo que en 1956 Nesmith funda la compañía Mistake Out en su propio hogar, convirtiendo su cocina en un laboratorio. La emprendedora oficinista no pudo asumir los elevados costes de patentar el producto, y trató de vender el secreto industrial a IBM, que rechazó el producto.

A pesar de no haber podido patentar la invención, Nesmith trató de protegerla de algún modo, por lo que en 1957 registró la marca Liquid Paper™ y en 1968 la marca Mistake Out™.

Irónicamente, en 1958 Bette Nesmith fue despedida por cometer un error mecanográfico, al incluir en una carta el nombre de su compañía en lugar del nombre en el banco en el que trabajaba. Este error supuso no obstante el impulso definitivo para su empresa, puesto que se dedicó a ella por completo y optimizó la formula para lograr un secado más rápido.

En 1979 vendió su exitosa empresa a Gillette Corporation por una suma cercana a los 50 millones de dólares. Bette Nesmith falleció un año después, tomando las riendas de la compañía su hijo Michael.

La apasionante historia de innovación, emprendimiento y superación detrás de la invención del corrector líquido nos recuerda el valor del secreto industrial como forma de protección de la innovación, así como la importancia de conocer en profundidad las distintas herramientas de propiedad intelectual a nuestro alcance, para diseñar de esta forma la estrategia de protección óptima adaptada en cada caso.

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