Ventajas y desventajas de la marca internacional

Una de las figuras más importantes dentro del mundo de marcas es la marca internacional. A pesar de su importancia, podemos decir que es la gran desconocida, no porque no se recurra a ella, sino porque es un sistema complejo, que puede resultar difícil de entender y que sólo parece llegar a comprenderse desde la práctica.

Lo primero que llama la atención y que la hace en apariencia más atractiva es su propio nombre: internacional. Y ahí es donde empieza a crear toda la confusión. Lo habitual sería pensar que una marca internacional nos protege a nivel mundial, y que realmente nos ofrece unas posibilidades y un beneficio total a la hora de expandir nuestra marca y, por ende, nuestro negocio. Pues bien, esta afirmación es una verdad con pequeñas trampas.

De una parte, la marca internacional nos permite extender nuestra marca a todos los países del Sistema de Madrid (122 países en la actualidad, sin incluir Malasia que se incorporará en diciembre de 2019), de manera más económica y sencilla que haciéndolo directamente en cada uno de los territorios. Esto nos permite centralizar todos los vencimientos en uno solo, la fecha de renovación en todos los países designados será siempre la misma, diez años desde la solicitud de la marca internacional. La protección obtenida es la misma que si procediéramos a través de una marca nacional. Hasta aquí, todo son ventajas y ciertamente lo son, es una figura muy importante y recomendada, sin duda. Pero, siempre hay un “pero”.

De otra parte, lo primero que debemos saber es que es necesario contar con una marca solicitada o registrada en uno de los países miembros del Sistema de Madrid y del que seamos nacionales o en el que contemos con establecimiento comercial real y efectivo. Esta marca es en la que basaremos nuestra internacionalización y durante los cinco primeros años desde la solicitud de la marca internacional habrá un periodo de dependencia. Esto significa que, si la marca base sufre una objeción, limitación o cese de efectos, la marca internacional y todos los países sufrirán la misma suerte.

Además de lo anterior, desde el plano económico, esta extensión a todos los países supone igualmente un esfuerzo económico importante, pues cada país designado conlleva una tasa asociada, por cada una de las clases, además de una tasa base única e independiente del número de países designados.

Otros aspectos menores serían que el proceso de registro se retrasa unos meses frente a la marca nacional, pues se presenta ante la Oficina del país de origen de la marca base, esta Oficina lo envía a la OMPI (Oficina Mundial de Propiedad Intelectual) que es la encargada de estudiar y centralizar las marcas internacionales y, finalmente, a las Oficinas de los países designados. Todo este proceso suele durar en torno a 6 meses.

Finalmente, otro pequeño “inconveniente” es que la mayoría de las Oficinas, no emiten certificados de registro. En algunos casos, este documento es necesario para operar con distribuidores o, por ejemplo, en plataformas de venta online. Este pormenor suele tener solución, pues puede pedirse a la Oficina de Marcas del país afectado, previo pago de la tasa correspondiente.

Es importante tener claro que extender nuestra marca a nivel mundial es posible y la marca internacional nos facilita este camino, pero no nos lo deja sin obstáculos. No obstante, en general, salvo en casos concretos de países con necesidades especiales, la marca internacional siempre es una buena opción.

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